Cómo combatir la desinformación

En un mundo de pos-verdades toca ofrecer soluciones y generar discursos positivos, creíbles y coherentes.

Siempre me he preciado de saber leer.

Y así, en 2004 leí una noticia sobre un perro al que le habían concedido una tarjeta de crédito. Y un año más tarde, otra en la que el agraciado era un árbol. Y no les di mayor importancia, ni acerté a leer entre líneas.

Mea culpa, a vista de lo que vino luego.

En 2008, cuando nos azotó la crisis, trabajaba en una editorial —entre mis responsabilidades, las memorias de Alan Greenspan, tituladas La era de las turbulencias—y como tantos colegas dedicados a la no ficción me consideraba un hombre bien informado. Pero dudo que ninguno de mis colegas previera lo de Lehman Brothers, como tampoco —al parecer— lo vio venir el propio Greenspan.

Mal de muchos, consuelo de tontos: mea culpa, indeed.

Desde entonces nadie niega el declive de los media. Esto daría para muchas entradas, pero las dejaremos para otro día.

La cosa ha ido a peor. Así, las últimas elecciones americanas han tenido un protagonista de excepción: un tipo de desinformación basada en bots que confeccionan noticias falsas, y una espectacular influencia de las redes sociales como transmisoras de contenido no necesariamente contrastado. (Cualquiera que conozca la historia de William Randolph Hearst o la falsa etimología de la palabra «testigo» sabrá que la desinformación no es precisamente nueva, pero a día de hoy lo tiñe todo de un matiz más serio, y afecta de forma significativa a la política contemporánea. Tanto es así que tanto Facebook como Twitter procuran negar su estatus como media companies, algo sobre lo que habría mucho que decir.)

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Esta situación ha llevado a que todos —incluidas las estrellas de Hollywood— estemos con la mosca detrás de la oreja: en los últimos días, ejemplos como la intervención de la periodista canadiense Eva Barlett sobre el caso sirio o el modo en que las búsquedas de Google nos pueden estar manchando a todos, demuestran los tiempos están revueltos.

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Fingir que esta coyuntura no nos afecta sería pasarnos de listos, pues, como dijo Stephen Stills, «así se demarcan las líneas de la batalla: si todos están equivocados nadie tendrá nunca razón». Y no se puede comunicar nada que merezca la pena sin pretender que sabemos leer, ni se puede leer si pensamos que nadie tiene razón.

Por eso, cuando escucho a muchos profesionales del ámbito de la comunicación, la prensa, la edición en papel y el storytelling añadir leña al fuego y no dejar títere con cabeza, temo por todos nosotros y por lo que hacemos. No porque no quepa denunciar el estado de cosas, sino porque no parecemos brindar resultados. Y porque, y de ahí los ejemplos del principio, tampoco podemos decir que hayamos sido más avispados que otros en los últimos años.

Por eso es importante ver quién lo va consiguiendo. Pensemos, por ejemplo, en Stop Funding Hate, una iniciativa de Reino Unido destinada a combatir la desinformación sin ensuciar ni empeorar las cosas, y brindando soluciones prácticas a problemas reales. Problemas como éste: la querencia de los tabloides británicos por sembrar el odio al inmigrante, con titulares sensacionalistas que tienen una repercusión clara en el aumento de la xenofobia y los delitos de odio en las calles.

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Su estrategia es clara. En primer lugar explican por qué sucede:

«Los editores de periódicos tienen un fuerte incentivo para lanzar titulares sensacionalistas antiinmigración: así, aumenta el número de lectores, lo que significa que pueden ganar más de la publicidad.
Muchos de sus anunciantes defienden unos valores y ostentan una postura ética sobre muchos otros temas, como la discriminación en el lugar de trabajo, en sus cadenas de suministro o sobre el papel que desempeñan en la comunidad. Pero a la hora de elegir qué publicaciones financian con sus presupuestos publicitarios, vulneran con frecuencia dicha ética y dichos valores. Y hoy, sus clientes son cada vez más conscientes de que al comprar productos de las marcas que se anuncian en la prensa sensacionalista, están inadvertidamente financiando su propia demonización, o la de su familia, amigos y vecinos.»

Y en segundo lugar proponen una alternativa: que las empresas que se anuncian en prensa xenófoba deban ser consecuentes con su responsabilidad social corporativa: que no puedan beneficiarse de promover la igualdad con la mano izquierda mientras la diestra paga a quienes siembran odio para vender más.

Además, lo hacen de forma impecable, imaginativa y útil.

Y han adquirido una relevancia real.

Todos, de un modo u otro, nos dedicamos a comunicar. Nuestra es la obligación de hacerlo posible. Nos toca acuñar un mensaje creíble y constructivo. Éste es un buen ejemplo. Me encantaría que este post sirviera para encontrar, debatir e implementar muchos otros. Los necesitamos.

4 comentarios en “Cómo combatir la desinformación”

  1. Hola Íñigo, antes de nada, disculpa. El tema del blog es otro, pero no me ha quedado muy clara esa mención que haces sobre la intervención de Barlett y me parece que es un punto importante por lo que representa, esa desinformación de la que hablas. No sé si pones en duda lo que dice (aunque enlazas a un sitio que refrenda su opinión) o la cuestionas. Yo, desde luego, la cogería con pinzas. Aquí algunos enlaces que cuestionan algunas de sus afirmaciones, aunque ya me gustaría que alguien profundizara en ello:

    – Sobre el caso Aya: https://justpaste.it/11f5b

    – Sobre el caso Aya y el no bombardeo del hospital: http://www.snopes.com/syrian-war-victims-are-being-recycled-and-al-quds-hospital-was-never-bombed/

    – Sobre quién ha promovido sus viajes a Siria: http://www.maryscullyreports.com/eva-bartlett-propagandist-for-assad-dictatorship/

    – Sobre el intento de darle legitimidad con el “fondo de la ONU”: http://www.liberation.fr/desintox/2016/12/15/propagande-prorusse-sur-alep-qui-est-cette-journaliste-independante-qui-cartonne-sur-le-web_1535499

    – Y uno en noruego, pero escrito tan claro que con Google Translate uno se entera, del periodista que le preguntó y en el que, entre otras cosas, cuestiona esa afirmación que ella hace sobre la no presencia de Cascos Blancos: http://www.aftenposten.no/meninger/kommentar/Propagandaspillet-om-Syria-611015b.html

    Este último me gusta especialmente porque parece bastante mesurado y, es cierto, la información es siempre la primera víctima. Pero, desde luego, un medio como RT, que ha sido el encargado de difundir el vídeo y para el que esta periodista colabora, está a la cabeza en esa labor de desinformación.

    Y como decía Kasparov hace pocos días en un tuit: The point of modern propaganda isn’t only to misinform or push an agenda. It is to exhaust your critical thinking, to annihilate truth.

    Una vez más, perdona por tanto enlace o por si no fuera oportuno, pero el tema de Siria me quema bastante y aunque los rebeldes no son ni mucho menos unas hermanitas de la caridad, y todo es un caos, la defensa de Assad, como la que pretende esta periodista, clama al cielo.

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    1. Santiago, en primer lugar gracias por tu comentario. Si citaba el ejemplo de Barlett era precisamente como ejemplo del estado de cosas y el alcance del ruido.
      Personalmente no tengo la menor simpatía por el Assad.
      Salta a la vista que dominas mucho mejor el tema que yo, por lo que sólo puedo animarte a que leas, si no lo conoces, el artículo del Guardian sobre las búsquedas en Google.
      Gracias de nuevo.

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  2. Sí, sí, lo conocía, gracias. Quizás estemos ante los mismos problemas de siempre, con otro alcance y por otros medios. Pero vamos, que no quiero soltar de nuevo la chapa. Solo quería añadir que me gusta cómo estás llevando el contenido: con temas originales, con ese punto de actualidad reconducido hacia el storytelling, explicando todo con ejemplos muy oportunos y sin la palabrería que en ocasiones se lee en tantos sitios de marketing. Además, la iniciativa de Stop Funding Hate la conozco gracias a ti, así que te animo a que sigas compartiendo y escribiendo, personalmente te lo agradezco.

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