un apunte sobre atentados

Tras el atentado de la semana pasada hemos vivido el habitual baile de opiniones, eslóganes y reproches. Digo “habitual” porque, nos guste o no, llevamos conviviendo con los atentados desde hace mucho, mucho, mucho tiempo.  Es como esa escena en No es país para viejos en que el Sheriff, desolado por la violencia que encuentra en la actualidad, va a ver a su tío y éste le recuerda cómo lo que hoy le parece nuevo lleva sucediendo desde siempre.

Como todos, albergo opiniones sobre lo expuesto que por lo general no difundo. Añadir ruido al ruido no ayuda a nadie.

Si comento esto es porque me parece útil. Un buen amigo, vendedor de toda la vida, me reveló en una ocasión algo sobre las frases adversativas. Apuntó que sus clientes siempre saben que todo lo que les ha dicho antes del “pero” es mentira.

“Sí, le damos garantía, pero…” MENTIRA.

“En efecto, sólo cuesta X. Garantizado. Pero…” MENTIRA.

(El “pero” todo lo rebate: es como aquello que comentaba un personaje de Cortázar al afirmar que la diferencia entre “Te quiero” y “Te quiero mucho” es que en el segundo caso el adverbio “mucho” ha matado de un plumazo al “Te quiero”.)

A veces no pasa nada por no ser exhaustivo. No pasa nada por agradecer la actuación de éste o aquél, sin añadir un “pero” que acto seguido les tilde de incompetentes o malintencionados. No pasa nada por ceñirse a lo esencial.

Así, al menos, recordamos qué es lo esencial.

 

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