Sobre el autor

Creo que la comunicación satisface sobre todas las cosas.

Que la imagen muestra y la palabra explica.

El mundo editorial me dio cosas inolvidables: que una llamada de José Antonio Labordeta me despertara los viernes de la siesta era una. Irme de farra con William Eggleston, otra. Leer, en una terraza de la calle Cervantes, un ensayo titulado Gracias por no leer, y ponérseme la carne de gallina, otra.

Escribí algunos libros. Publiqué otros: unos tuvieron éxito y muchos no. A veces me equivoqué por llegar demasiado pronto, a veces por sobrestimar el gusto de mis lectores. Siempre los vi como semillas, células durmientes, alerta en su letargo.

Mi libro favorito es mi libro de familia.

Después de trabajar toda la vida en y para el papel decidí reinventarme. La transición ha sido complicada, y cuesta eso de tener que ganar dinero para poder trabajar.

No me arrepiento. Reinventarse es como cambiar de país: lo que pierdes en soltura lo ganas en experiencias. Los dolores son de crecimiento.

Hoy hago otras cosas: desde textos para sites o conceptos para hoteles hasta ayudar a un amigo presbítero americano a escribir sus sermones.

No soy religioso, pero creo en estar vivo.  Tanto como para querer compartirlo.